LA VIDA EN UN MUSICAL. Un siglo de vidas cantadas

Posted on 11 noviembre 2011

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Han pasado cincuenta años del estreno en los cines de West Side Story, el musical de Leonard Bernstein basado en Romeo y Julieta y que cautivó a generaciones. Y llega a nuestro país la versión en castellano del aclamado montaje de El Rey León. Un género que despierta pasiones y odios, y que lleva acompañándonos desde que el nacimiento mismo del cine sonoro, la historia del musical es la historia del entretenimiento de las últimas décadas.

Artículo originalmente publicado en ZUM! Guía de Ocio. Noviembre de 2011.

¿Y AHORA SE PONEN A CANTAR? Los orígenes del género

El teatro musical, el arte de contar una historia a través de canciones es algo que se viene haciendo desde que el mundo es mundo. La Grecia Antigua, La India, China… Y después la ópera europea, el vodeville, el cabaret, el burlesque, el music hall… los modos de comunicar se refinaron y los temas a tratar fueron aligerándose, acercándose al humor y la sátira. Ya en Inglaterra se copió de manera descarada la ópera francesa a mediados del Siglo XIX, acercándola a la comedia y en Estados Unidos Broadway se impuso como meca del teatro musical.

Y en estas, a mediados de los años veinte, al cine le ponen voz y la primera película sonora fue… una pieza musical. Con El Cantor De Jazz (1927) nació un nuevo modo de hacer cine, y en el teatro saltaron las alarmas: muchos fueron quienes vaticinaron el fin de la comedia en directo, y ni siquiera los más optimistas alcanzaron a ver lo que iba a pasar a partir de entonces, que el teatro y el cine (y después la televisión, y más tarde Internet…) iban a convivir hasta nuestros días.

Y desde el momento del nacimiento del cine sonoro, las tablas y el celuloide se han ido nutriendo mutuamente de historias y música, fortaleciendo por un lado una escena teatral que se ha convertido en uno de los espectáculos más grandes de los últimos tiempos, y haciendo del cine musical un género en sí mismo que levanta pasiones.

CANTANDO BAJO LA LLUVIA. El Cine de Hollywood y su Edad Dorada

Dos películas marcan el principio y el final de la época más gloriosa del cine musical americano, quizás el más americano de todos los géneros cinematográficos: Entre Oklahoma! (1943) y Hair (1968) el musical vivió su época de mayor esplendor, y los estudios se lanzaron a una frenética carrera en pos de la película que generara el mayor éxito comercial.

Las bases de lo que sería el cine musical moderno se sentaron una década antes con la irrupción en escena de una productora, la RKO y de un actor y bailarín, Fred Astaire, que filmaron algunos de los más espectaculares musicales. Ya en los años cuarenta, el director Stanley Donen y el actor y coreógrafo Gene Kelly elevaron aún más el listón con películas como Un Día e Nueva York (1949) o Bailando Bajo La Lluvia(1952), un musical puro donde se usa el metalenguaje cinematográfico para dejar el cine al servicio de la música y la danza.

Los años sesenta nos traen obras de la talla West Side Story (1961), My Fair Lady (1964), Sonrisas y Lágrimas (1965) o Hello, Dolly! (1969), superproducciones del género que paradójicamente no hacen otra cosa que barruntar la decadencia del género, al menos en cuanto al trabajo de los grandes estudios.

La irrupción del movimiento hippy alcanzó al musical al final de la década, y con Hair (1968) el rock hace acto de presencia en la pantalla, descontando por supuesto la carrera cinematográfica de Elvis Presley. A partir de ahí, poco más.

TOMA UN CARAMELO DE MENTA. El Teatro Musical

Como ya comentábamos, el teatro musical primero y los grandes musicales después heredan la tradición del entretenimiento europeo contenido en la opereta francesa y sus variantes en cada país: el género chico en España o el Music Hall en Inglaterra. Ya será bien entrado el siglo XX cuando el géneros se desarrolla en todo su esplendor en Estados Unidos, y allí se perfecciona hasta llegar al modelo que todos conocemos.

Las grandes producciones teatrales comenzaron a requerir elevadas infraestructuras que se crearon alrededor de zonas emblemáticas de las grandes ciudades. Ahí nace Broadway como epicentro mundial del musical, una calle comercial que recorre de norte a sur la ciudad de Nueva York y que se convirtió en el referencia no sólo del musical, sino también del teatro y la formación de las artes escénicas. Londres, Buenos Aires, más tarde Madrid… intentaron reproducir el modelo de Broadway y sus grandes producciones.

Desde Show Boat (1927) hasta los musicales contemporáneos, son decenas los títulos de los musicales que forman parte de nuestro ideario colectivo: Evita, Cats, Chicago, Los Miserables, Rent, Los Productores, Miss Saigon, Wicked, Hello Dolly, Oliver, El fantasma de La Ópera… Obras ideadas para su representación en grandes escenarios, con decenas de actores y músicos; espectáculos destinados a dejar con la boca abierta a la audiencia.

 ¿QUÉ FUE PRIMERO, LA PELÍCULA O EL MUSICAL? Trasvase de ideas entre formatos

Es inevitable pensar que una buena idea, un libreto maravilloso o un gran puñado de canciones no fueran a ser utilizadas tanto por cineastas como por productores teatrales. En un principio el musical se nutrió de las historias clásicas del teatro y la ópera, de los shows cortos de vodeville y burlesque; del teatro alternativo en general por sus similitudes en cuanto a libertad y transgresión. Ejemplo claro sería la obra de Leonard Bernstein West Side Story, basada en el Romeo y Julieta de Shakespeare pero ambientado en un barrio latino de Nueva York. Mitos de la literatura universal también han sido llevados al teatro, como fue el caso de Los Miserables de Víctor Hugo.

La llegada del musical al cine trajo consigo que prácticamente todos los grandes musicales de Broadway fueran adaptados a la gran pantalla. Los estudios convirtieron en superproducciones los libretos de Andrew Lloyd Weber, quizás el más famoso creador de musicales contemporáneos junto a Tim Rice (Jesucristo Superstar, Evita) y decenas de obras que habían triunfado en Broadway: West Side Story, Chicago, My Fair Lady, A Chorus Line…

El camino contrario también ha sido recorrido, sobre todo en las últimas décadas:, con películas que se convierten en musicales: Desde The Rocky Horror Picture Show a las producciones de Disney (La Bella y la Bestia, el Rey León) multitud de películas han vivido una segunda juventud en las tablas de un teatro.

 ¿SEGURO QUE VAMOS POR EL BUEN CAMINO? Outsiders y otros modos de entender el musical

Como ocurre con todas las artes, en determinados momentos son utilizadas para transgredir, epatar o poner en cuestión los límites establecidos. El musical no fue ajeno a movimientos de denuncia, escándalo o simplemente a ser vehículo de un hedonismo cultural.

Ya a principios de siglo autores como Bertol Bretch y KurtWeill con su La Ópera de los Tres Centavos (retrato de la opulenta y vil burguesía alemana de la época), o George Gershwin con Porgy and Bess, donde lanzaba su mirada crítica al racismo imperante en los Estados Unidos, se cuestionaban a través de la música los valores comúnmente aceptados por la mayoría.

En un tiempo en el que los musicales eran (y siguen siendo) costosísimas producciones en las que no hay sitio para todos, las ansias de contar historias y la necesidad de formarse como actores impulsó a miles de jóvenes a trasladarse a Nueva York y crear sus propios montajes, mucho más modestos y minoritarios. Así nace el Off-Broadway, un conjunto de salas alternativas de teatro y musical y hervidero de talento que con el tiempo se hizo tan famoso como su hermano mayor. Tan famoso que a su vera surgió el Off-Off Broadway, donde se refugiaron las obras más transgresoras.

El rock también fue adoptado por el musical como motor de historias y canciones. El Glam en los años setenta, el Noise en los ochenta… creando una mezcla explosiva y llena de referencias populares. El musical moderno sigue gozando de buena salud.

 

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