¿Por qué me gusta The Wire?

Posted on 5 julio 2011

0


Espoleado por el post de Raúl Gay en el que compara dos de las más interesantes ficciones policíacas de los últimos tiempos, The Shield y The Wire, para llegar a la conclusión de que la primera es superior (o más de su agrado) que la segunda, me animo a poner en orden mis filias y fobias, y pasar al contraataque para dar otro punto de vista, esta vez opuesto al de Raúl, y proclamar mi rendida admiración por The Wire y su creador, David Simon.

The Wire ha sido encumbrada como una de las mejores ficciones televisivas de la historia. Sus cinco temporadas, emitidas entre 2002 y 2008 en la HBO suponen un hito en el modo de entender el concepto de serie televisiva, y sobre todo en el modo de entender la propia televisión: de vehículo de entretenimiento o espejo de lo cotidiano, pasa a convertirse en vehículo de opinión y denuncia a través de la conjunción de ficción y realidad. Supone un punto de inflexión semejante al de ‘A Sangre Fría’ de Capote y el nacimiento de la ‘non fiction novel’: la utilización de elementos de reales y ficticios en la elaboración de una trama, con el pretendido objetivo de remover nuestras conciencias para hacer del mundo un lugar mejor.

Los objetivos que persigue Simon son tan ambiciosos que asustan a quien se quiere enfrentar a The Wire como entretenimiento televisivo.  Acostumbrados al visionado trepidante, la estética de videoclip, las tramas autoconclusivas y los exasperantes cliffhangers, el esfuerzo que supone una serie de ritmo pausado, con infinidad de personajes y tramas que se superponen puede alejar al espectador casual que busca “una serie de policías”.

Lo juro: no ha sido nunca una serie con policías.” Son las palabras con las que Simon prologa uno de los libros dedicados al análisis de la serie. Con ellas amenaza al espectador, al que trata con desprecio a veces, pero al que siempre espolea: la serie se despliega como un gran mosaico de relaciones humanas, políticas y sociales. Cada temporada aborda uno de los grandes problemas de la sociedad post-industrial, y es su conjunto lo que le da la consistencia necesaria para ser considerada como una epopeya contemporánea.

El mérito de convencer a una cadena de pago como la HBO para la producción de la serie se transmite en libertad creativa, posibilidad de configurar un equipo de guionistas de altura y, de nuevo, poder eludir la responsabilidad para con el entretenimiento del espectador. Desde este enfoque, al espectador se le exige su participación activa en la obra, su atención y su capacidad para confeccionar el puzzle que supone cada temporada. Quien espere que le den todo masticado, que se levante del sillón y salga a tomar al aire.

Formalmente, la serie se apoya en caminos transitados por muy pocos anteriormente. El desarrollo de los personajes es lento y no da lugar a arquetipos morales: ni los buenos lo son tanto, ni los malos van camino al infierno. La moral que rige a cada uno es personal e intransferible y convierte a los personajes en dueños de su propio destino. Así, y como ya consiguiera Alan Ball en ‘Six Feet Under’, el modelado da lugar a personajes de carne y hueso, con los que puedes empatizar aunque se muevan en las antípodas de nuestros valores morales.

The Wire también se apoya en la experiencia vivida por Los Soprano, quizás la serie más rupturista de su época, aquella que abrió la puerta a historias menos condescendientes con el espectador. Y allí donde Los Soprano asoman la nariz, The Wire entra como elefante en cacharrería: se despoja de cualquier elemento onírico, surreal o de comedia (las grandes bazas de Los Soprano para abarcar grandes audiencias, asumiendo un riesgo controlado) para lanzarnos a la cara un discurso cargado de opinión y política. Este modo de entender la ficción televisiva será refinado por Simon en su siguiente proyecto televisivo, Tremé, ambientada en los meses siguientes a la catástrofe del huracán Katrina.

La droga, su distribución, la marginalidad y la muerte; la lucha obrera y sus peajes políticos; el ascenso al poder, la avaricia y la sombra de la prevaricación; los inadaptados y la búsqueda de soluciones a problemas endémicos de la sociedad; la decadencia del sistema educativo; el papel de la prensa en la sociedad actual, amordazada por el poder económico, amenazada por el político y sorda para el judicial… El retrato de una sociedad que hace aguas, en la piel de su protagonistas, antihéroes empeñados que el mundo en el que viven no se rompa por sus costuras. Eso es The Wire. Y mucho más.

Anuncios