LA BATALLA #SINDE. Guerra por la neutralidad en la Red y la Propiedad Intelectual

Posted on 13 enero 2011

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El pasado día 21 de diciembre la Comisión de Economía del Congreso tumbaba por dos votos  la iniciativa que se recogía en la Ley de Economía Sostenible referida a la protección de la Propiedad Intelectual en Internet, la famosa Ley Sinde. La presión popular en la Red, el cambalache político y el enfado de artistas han copado los titulares de prensa y han enardecido un debate en el que está en juego la neutralidad en la red y el derecho de los creadores a verse retribuidos por las obras que libremente circulan por la red. Posturas aparentemente irreconciliables.

Artículo originalmente publicado en ZUM! Guía de Ocio. Enero de 2011.

ANTECEDENTES BÉLICOS. Cronología de los hechos.

Desde que en Diciembre de 2009 se diseñara la Ley de Economía Sostenible se incluyó una iniciativa que, con el objeto de proteger la propiedad intelectual en Internet, proponía el cierre cautelar de webs en las que se alojaran enlaces que apuntaran a contenido protegido por el derecho de autor. El cierre se realizaría por la vía administrativa, sin necesidad de la acción de un juez, y llevado a cabo por una comisión formada por miembros de la industria cultural, quienes decidirían qué webs atentaban contra sus intereses.

Inmediatamente saltaron las luces de alarma desde distintos colectivos asociados a la Red, quienes consideraban que la ley atentaba contra la neutralidad en la Red. Se redactó un Manifiesto y se forzó una reunión con la Ministra de Cultura en la que se habló de los riesgos de dar luz verde a la ley. La presión popular, canalizada una vez más a través de la redes sociales, obligaba al Ministerio a suavizar la Ley introduciendo la figura del juez para tomar la decisión de cierre y marcaba cuatro días el plazo para presentar alegaciones al cierre. Los usuarios seguían sin aceptar la iniciativa, y la batalla comenzaba.

FRACASA LA DIPLOMACIA. ¿Dónde estaba el conflicto?

La #leysinde tiene como objetivo acabar con las webs que obtienen lucro a través del intercambio de material sujeto a derechos de autor, y para ello plantea el cierre de portales que alojan enlaces que te dirigen al contenido. Para entendernos, nada mejor que el ejemplo de peliculasyonkis: una web que no aloja las películas, pero que a través de sus enlaces te dirige al visionado del contenido, que se almacena en contenedores como megaupload.

Con la ley actual en la mano los jueces se han negado a cerrar las webs de enlaces al no encontrar en sus servidores material sujeto a derechos de autor (recordemos, el contenido está en megaupload, y películasyonkis solo apunta a él), con lo que la industria se encuentra, además de muy cabreada, sin herramientas con las que parar la actividad supuestamente ilícita de esas webs y a quienes acusa de lucrarse con su trabajo. Y de ahí surge la necesidad de articular un ley tan agresiva como la #leysinde.

El problema se plantea con la creación de una Comisión que es a la vez juez y parte (por estar formada por miembros de la industria cultural), que tiene interés en la aplicación restrictiva de la ley y que cuya actuación puede suponer el final de la neutralidad en la Red, propiciando el cierre administrativo de webs de un modo arbitrario.

EL DÍA D. Comienza la guerra en la Red.

El día 21 se acercaba, el el Ministerio de Cultura contaba con apoyo parlamentario suficiente para sacar adelante la ley, ya que los socios del Gobierno CiU y Coalición Canaria parecían dispuestos a apoyarla. El partido Popular y el PNV se posicionaron en contra de la ley, y su voto iba a ser contrario. Pero este escenario político es ajeno al fondo del debate, que es muy profundo y abarca temas tan sensibles como la neutralidad en la Red, la propiedad intelectual y la conciliación de tecnología y derechos de autor dentro del cambio de modelo de la industria cultural.

Nuestros políticos han utilizado la #leysinde como moneda de cambio para favores políticos, y durante el día 21 asistimos atónitos a un cambalache de propuestas y pactos que poco tenían que ver con el espíritu de la iniciativa. Un esperpento en varios actos en el que se retrasaba la votación final para que el Gobierno recabara apoyos necesarios, mientras sus posibles socios aumentaban sus peticiones, abrumados por la presión popular y sin saber muy bien para qué vendían su voto. Inesperadamente, la votación fue contraria y la #leysinde no salió adelante.

El camino hasta la aprobación de la ley es largo, y su segunda parada es en el Senado, donde la Ministra y el Gobierno volverán a buscar los apoyos necesarios para sacar adelante la Ley. Se ganó in extremis una batalla, pero parece complicado que se gane la guerra.

PARTE DE BAJAS. Reacciones encontradas entre creadores y usuarios.

El monumental revuelo que se creó en la Red durante los días previos a la aprobación de la #leysinde y su posterior derrota, ha creado una sensación ilusoria de triunfo entre muchos usuarios de internet, quienes piensan que la ley no saldrá adelante y que se justifica el uso de las páginas de enlaces para compartir contenido audiovisual. Pero hemos de ser más cautos: la ley va a ser aprobada, y es nuestra obligación seguir presionando a nuestros políticos para que salga adelante una iniciativa que persiga a quienes se lucren con el tráfico de contenido protegido; pero que a la vez favorezca el libre intercambio cultural, la neutralidad en la red y el avance tecnológico.

En esta locura de intereses contrapuestos entre industria, artistas, políticos y usuarios, pocas han sido las voces que imponen cordura y aligeran la tensión del debate. Los editores siguen enrocados en modelos de negocio insostenibles, y envían a los artistas para arremeter contra los usuarios, criminalizándolos sin entender muy bien cómo funciona el intercambio cultural en la red. Muchos usuarios abogan por el “todo gratis”, mientras otros tratan de alzar la voz para cambiar el paradigma al “todo fácil”: demandar a la industria alternativas de pago por acceso a contenido audiovisual accesibles y baratas, como el modelo propugnado por Spotify. Y mientras tanto, los políticos y su visión cortolpacista, anhelante de votos, venden su voluntad al mejor postor a cambio de beneficios políticos.

EL HORIZONTE FINAL. Y ahora, ¿Qué?

Tras unas jornadas duras y llenas de ataques, los ánimos siguen más enconados que nunca. Por un lado, la tramitación de la #leysinde sigue su curso, camino al Senado, donde es más que probable que sea aprobada. Mientras tanto, usuarios y creadores seguirán enzarzados en debates estériles en las redes sociales (véase la airada reacción publicada en los medios de gente como Alejandro Sanz o Javier Bardem, y las reacción de los usuarios sobre su obra y su persona). Razonamientos trasnochados (“¡nos estáis robando!”) chocan con propuestas descabelladas (“¡lo queremos todo gratis!”), y la legislación sigue anquilosada en postulados propios de la Edad Media, que no ayudan ni al artista, ni al usuario.

Por su lado, la industria parece olvidar el cambio de modelo económico y la necesidad de adaptarse a las nuevas tecnologías. La defensa encarnizada de la propiedad intelectual a través de la #leysinde supone un ataque frontal contra la neutralidad en la Red, y sobre todo la intención, premeditada o no, de poner freno al avance tecnológico. Parece imposible poner puertas al campo, pero desde la Industria, productores y creadores se empeñan en ello. Es nuestra obligación seguir presionando para que prevalezcan nuestros derechos. La batalla ha terminado, pero sigue la guerra. El próximo escenario serán los libros. Que no nos pillen desprevenidos.

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