Juegos Olímpicos. Breve Historia.

Posted on 2 diciembre 2009

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El recorrido de la antorcha olímpica desde Grecia hasta Pekín está dejando un sinfín de tensiones y reivindicaciones a su paso. Los impulsores del boicot planteado por los partidarios de un Tibet libre de la imposición china se han servido del profundo impacto mediático de una celebración olímpica para hacerse visibles a los ojos del mundo. Y no es la primera vez. Olimpismo y política caminan de la mano. Si el Barón de Coubertin levantara la cabeza…

– Artículo Originalmente publicado en ZUM! Guía de Ocio. Mayo de 2008

LOS INICIOS. ¿Lo importante es participar?

Poco tienen que ver los JJOO ideados por Pierre de Coubertin (1863 – 1937) con los originarios de La Grecia Clásica, casi tan poco como con los Juegos actuales. Hemos pasado de una reunión de unos pocos griegos en periodos de paz, que se daban estopa de la buena por una corona de olivo (más o menos), a la poderosísima maquinaria comercial de los Juegos de los últimos 50 años. Entre medio, el sueño del barón de ensalzar la educación física como una actividad que fuera más allá de la competición. Un sueño de hermanamiento que a día de hoy convive, gracias al Espíritu Olímpico y a duras penas, con intereses comerciales y políticos de escala planetaria. De Grecia (1896) a los Ángeles (1932), ocho ediciones afianzaron las esperanzas de Coubertin de renacer el mito de los Juegos, prohibidos por el emperador Teodosio mil quinientos años atrás, cuando Grecia y su cultura fueron asimiladas por Roma.

EL OLIMPISMO Y LAS GRANDES GUERRAS. ¡Zas! Un negro pone en evidencia al Reich.

Los destrozos de la 1ª Guerra Mundial supusieron una gran crisis para el movimiento olímpico. Alemania, Turquía, Bulgaria, Polonia La Unión Soviética son excluidos de los Juegos de Amberes (1920). Las turbulencias vividas en La Europa de Entreguerras y el advenimiento de las ideologías fascistas tienen su primer reflejo en Los Ángeles (1932) donde un atleta italiano realiza el saludo fascista desde el podio.

La siguiente cita es en Berlín (1936), con el régimen nazi establecido en el poder (el alzamiento de Hitler fue posterior a la designación de Berlín como cuidad olímpica). El régimen planteó los juegos como una gran manifestación del poder ario frente al mundo. Son míticas las imágenes rodadas por Leni Riefenstahl, cineasta oficial del Reich, donde el espíritu olímpico se tiñe de un dramático color militar, antesala de lo que sucedería después. Y en medio de esta orgía propagandista, un atleta negro, Jesse Owen, pulverizó marcas y ganó sus pruebas (100, 200 metros 4 x 100 y salto de longitud), sacándole los colores a toda una ideología. Su rival en longitud, el alemán Lutz Long, corrió a felicitarle al finalizar la prueba, lo que no gustó nada a Hitler, que estaba en ese momento en el estadio. Este desplante al régimen (y su gran amistad con Owen) le supuso la pérdida de sus privilegios como atleta de elite, y en la segunda guerra mundial fue alistado a la fuerza en el ejército nazi, y murió en Italia.

EL BOICOT. Se levanta el Telón de Acero.

La irrupción de los países de órbita soviética ocasiona un peligroso equilibrio de fuerzas entre oriente y occidente, y las tensiones se trasladan a las olimpiadas. En Helsinki (1952) comienzan las hostilidades, cuando todo el bloque del este se niega a alojarse en la villa olímpica, buscando una ciudad cercana a una base militar soviética para establecerse. La Guerra Fría se hará presente desde entonces y hasta los Juegos de Seúl (1988), donde USA y URSS vuelven a competir juntos. En esa época las victorias se reparten, dependiendo de la asistencia de unos países u otros, y el Comité Olímpico Internacional hace verdaderos equilibrios diplomáticos para intentar mantenerse al margen. A los juegos de Moscú (1980) les siguieron los de Los Ángeles (1984), y con Seúl parece que se recupera la tranquilidad.

EPSIODIOS OSCUROS Las manchas del Espíritu Olímpico

Como podemos ver, el movimiento olímpico nunca ha sido ajeno a las turbulencias que la Historia nos depara. Así, hemos asistido a episodios como el protagonizado por el grupo terrorista Septiembre Negro (Munich, 1972), donde varios atletas israelíes fueron asesinados. Otra imagen que quedó para la historia fue la de los atletas norteamericanos John Carlos y Tom Smith alzando sus puños enfundados en un guante negro en recuerdo a los Panteras Negras durante la ceremonia de entrega de medallas. En plena era de la lucha por los derechos civiles de los negros en USA, una alusión como esa a una organización tildada de violenta no sentó nada bien a las mentes bienpensantes de su país.

El fenómeno del doping sacudió los Juegos en Seúl, donde el plusmarquista mundial Ben Johnson fue desposeído de sus medallas por dar positivo en un control, y centró definitivamente la lucha mundial contra las ayudas externas a los atletas. Siempre había habido sospechas (los atletas del este) y las seguirá habiendo (los atletas chinos en la actualidad) acerca del valor real de las marcas conseguidas, y se volverá a intentar sobrepasar los límites de la legalidad y el juego limpio.

Los juegos olímpicos son actualmente una gran maquina de hacer dinero, una enorme empresa privada, y algunas de las decisiones de su comité atienden más a razones económicas que deportivas, como escamotear la celebración de los Juegos a Atenas en 1996, año del centenario de su reinstauración en esa ciudad, para dárselos a Atlanta, sede de Coca Cola, patrocinador principal de los Juegos. Veremos qué sucede en Pekín este verano. Si llega la antorcha, claro.

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Posted in: Cultura, ZUM!