John Cale: La alargada sombra del Rock.

Posted on 29 octubre 2009

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EL Teatro Principal de Zaragoza oscurecerá su telón el próximo 15 de Febrero para recibir al galés John Cale (Garnant, 1942) en lo que se antoja el comienzo de una temporada aperturista en el escenario más importante y clásico de la ciudad.

A menudo suele suceder que con determinados artistas su legado va más deprisa que ellos, y sólo una pequeña parte de su obra salta definitivamente a oídos del gran público. Quizás no sea justo, pero es lo que hay. John Cale siempre será parte de la historia del rock como integrante de The Velvet Underground, y en menor medida un productor  afamado y fiable, quizás definidor del sonido de toda una generación. Pero la vida intensa del personaje requiere que al menos demos un par de pasos hacia atrás para tomar perspectiva y ver en su conjunto una de las carreras más altisonantes y apasionadas de la historia de la música popular.

De formación clásica, John Cale escapa a New York con una beca a principios de los años sesenta, una vez pasados tres años en Londres, donde había comenzado su educación musical. La viola es el instrumento elegido, y en la ciudad no tarda en tomar contacto con corrientes avant-garde donde los grupos de rock experimentan con la tensión (drone), manteniendo una nota durante horas y horas buscando atmósferas pesadas e hipnóticas. Aquí empieza la historia oficial de Cale, y buena parte de la historia de la música que se hizo a partir de entonces…

John Cale participará en los dos primeros álbumes  de la Velvet Underground, y con ellos y Andy Warhol llegarían a romper todos los esquemas establecidos hasta ahora. La historia es sobradamente conocida, el reconocimiento a la influencia de la banda es más que sabido, así que pasemos de puntillas… Sí, se dieron cita los personajes necesarios (Cale, Lou Reed, Nico, “Moe” Tucker y Sterling Morrison), en el lugar adecuado (Factory, NY) y con un excéntrico catalizador (Warhol) para que La Historia fuese cambiada.

De la estancia en el grupo y de su paso por la Factory surgen muchos de los fantasmas que rodean a Cale. La personalidad de Lou Reed condiciona sobremanera la relación que ambos mantendrán, casi enemigos íntimos, durante muchísimo tiempo. El uso y abuso de drogas, adicciones varias, sentirse en el ojo del huracán, la necesidad constante de huir hacia delante, la búsqueda de la inspiración primigenia… todo esto conformará una personalidad errática que queda reflejada en cada uno de los discos, muchos, que Cale va despachando desde su salida del grupo.

Casi al mismo tiempo, comienza su trabajo como productor de otras bandas. Leyendo sus propias palabras, Cale comenta “Amo producir a otros artistas. Me encanta ayudarles a alcanzar sus metas. Siempre me acerco desde la perspectiva de ‘¿qué haría un maestro zen en estas circunstancias?’ Y es no darle al artista una respuesta directa a todas sus cuestiones, sino sugerir otras soluciones”.

Cale se ha puesto mil veces delante de la mesa de mezclas, y por sus manos pasaron los debuts de los Stooges de Iggy Pop, o el maravilloso “Horses” de Patty Smith, ambas obras cumbre del rock contemporáneo.

John Cale lo tiene claro: “Has de aferrarte a lo que crees. Sería muy lucrativo para mí trabajar de una forma única, pero si no me siento cómodo con lo que (el grupo) está haciendo, sólo me dejo llevar. Y pierdes tu credibilidad si haces esto”. Bajo estos principios, Cale navegó por la música de los setenta de la mano de Nico, a la que produce tres discos;  trabajó con The Modern Lovers (1973), Siouxie and the Banshees (1994), se introdujo en Madchester de la mano de los Happy Mondays, e incluso Los Ronaldos pudieron contar con él en la producción de su “Sabor Salado” (1992), un disco de rock afilado que no supuso la esperada consagración del grupo madrileño.

Esta ingente actividad no le hizo descuidar su labor como creador, y durante toda su carrera ha sacado unos cuantos lp’s, siempre buscando dentro del rock los sonidos más contemporáneos, acercándole a menudo a figuras como Robert Wyatt y Tom Waits, francotiradores como él de la cultura popular norteamericana. Bastaría nombrar “París 1919” (1973), con su obsesión por Dylan Thomas, o “Music for a New Society” (1982) para hacernos una idea de la magnitud de Cale como artista.

En 1990 se produce la reunión más esperada, y en “Songs for Drella” vuelven a aparecer juntos Cale y Reed para rendir homenaje al fallecido Warhol. Sólo voz, piano y viola eléctrica conforman el andamiaje a los textos que Lou Reed elabora a modo de despedida al amigo, manager y mentor. Un disco-homenaje tan merecido como brillante.

Y ya en pleno 2006, Cale se presenta en Zaragoza con “Black Acetate”, un disco que reconcilia a su autor con el rock, templa su ánimo, ya maduro, y nos devuelve a la senda original, después de tantos rodeos y obstáculos.  En un tiempo en el que todo está inventado, el galés dará respuesta en su concierto a quienes se pregunten de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí. La sombra de Cale es alargada.

Artículo originalmente escrito para ZUM! Guía de Ocio. Febrero de 2006.

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Posted in: Cultura, ZUM!